viernes, 30 de enero de 2009

Oh, Galicia Calidade


Pintadas caciquistas en Carballiño




La primera sorpresa de este pequeño viaje me la llevé al ir a sentarme al final del avión, ya que a mi lado se sentaba el director del diario ABC. Sabréis quién es por ser un habitual del circuito establecido de tertulianos de la televisión, luego supe que se llamaba Ángel Expósito cuando le fueron a recoger con el cartelito -este tipo no me cae mal y me hace gracia porque tiene un acento madrileño bastante marcado-. Lo primero que me vino a la cabeza fue la duda de qué periódico cogería cuando lo dieran las azafatas una vez despegáramos. Pues ya estaba leyendo el suyo, lo traería consigo, que para eso lo dirige. ¿Lo leía por placer o es que ya estaba trabajando? Pues cuando vinieron con la prensa pidió El País, otro diario de derechas al fin y al cabo.


Restos del temporal


La segunda sorpresa fue el paisaje gallego que albergaba el camino de Santiago a O Carballino, provincia de Orense. Eucaliptos, prados, casas grandes desperdigadas y sobre todo mucha niebla. Nunca lo olvidé pero siempre es difícil imaginar tanto verde bajando los montes de León.



La ITV portátil.

La tercer y mayúscula sorpresa fue el viaducto donde iba, un puente para el AVE que salva el valle del río Arenteiro. Es un puente de hormigón de casi dos kilómetros de largo, totalmente recto y con una pendiente del 2 %, la máxima permitida para un tren de alta velocidad. Unos kilómetros más adelante está el viaducto sobre el valle del Barbantiño, un puente más corto pero de mucha más altitud, y por tanto con unas pilas espectaculares. Este último además tiene la particularidad de que al bajar -o subir, según se mire- en curva da la sensación desde lejos que hace un tirabuzón pero es un efecto óptico.


De los pueblos de Galicia cuentan que se come bien y en abundancia, que hay esos pequeños restaurantes llevados por alguien sencillo que te trae una olla y te echas a tu gusto. Pues es verdad, comí en un restaurante así en una aldea entre Carballiño y Maside, por desgracia olvidé el nombre del lugar y del restaurante. El sitio parecía anclado en los setenta, con sillas de falsa madera, cortinas viejas y mantel de hule rancio, ¿pero la decoración se come?

-¿Qué tienen de comer?
-Arroz y pulpo.

El arroz era paella y no estaba muy allá, el arroz un poco pasado. El pulpo a la gallega, con patatas y pimentón. Éramos tres, y trajeron sendas bandejas para el primero y el segundo, para coger con libertad.

-Oiga, ¿y no tendrán ensalada?
-No, no hay.
-Qué pena, con lo que me gusta la ensalada de aquí.
-Un momento, que voy a ver si hay.

Y efectivamente había, y con un vinagre casero tan bueno como el licor-café y crema de orujo que también preparaban caseramente. Además resultaba que alguien de otra mesa pidió churrasco de la casa, y entonces se ponían a hacer, y nada, era pedir y era darte.





Bueno, y después de abrir boca voy a hablar un poco de los puentes. Hay varios tipos de puente y por tanto varios tipos de construcción, algunos bastante curiosos e ingeniosos, técnicas desconocidas para la mayoría de la gente. A grandes rasgos, estos dos puentes en Orense se están construyendo por empuje o lanzamiento. Primero se establecen las pilas, es decir las columnas que sujetan el tablero, la parte horizontal del puente. El tablero se construye trozo a trozo en uno de los lados del puente, estos trozos se denominan dovelas. Cada dovela se construye como digo en uno de los lados del puente, al ser de hormigón, por enconfrado. Estas dovelas van "solapándose" -mediante técnicas de pretensado, con cables de acero internos a la estrucutura y la clásica ferralla- una a una a medida que se van empujando en conjunto, formando así el tablero final. Las pilas dan el apoyo horizontal necesario a este tablero creciente que va avanzando hacia el otro lado del futuro puente. Lo que mueve todo esto son equipos hidraúlicos de empuje o de tiro, y si hay pendientes como en este caso también hay equipos de retenida ya que estas masas brutales que son los puentes cogen una gran inercia, a pesar de la estabilidad que puedan llegar a aparentar. La transmisión del movimiendo de los equipos hidráulicos al puente en sí es a través de cables o cordones de acero ( algo "parecido" sería tirar de un peso con una cuerda).

martes, 20 de enero de 2009

martes, 13 de enero de 2009

Siete

Joder. Que no podía ser. Qué vértigo. Tienes que repasar los siete números varias veces como cuando repasas una y otra vez el test de un examen antes de entregarlo porque no estás seguro de que todo esté en su sitio. La combinación de cada semana, pero este viernes vale veintitrés millones de euros. Y que no notas el cambio, sigues con los mismo miedos de antes. Y que para empezar sí que vas a ir a trabajar al día siguiente no vaya a ser que todo haya sido un error.

sábado, 10 de enero de 2009

Crónica de una nevada ¿anunciada?

Quizás lo anunció la montaña barcelonesa del Tibidabo, nevada a mi llegada el miércoles a Barcelona. Quizás también las palabras que venían a mucho bajo cero desde Bremen -Brema- o desde Amsterdam -gente patinando en los canales. Canteo-. Pero la verdad que no podía esperarse una nevada así.


Me levanté ayer viernes 9 de diciembre, y con la pereza a cuestas, no levanté la persiana del cuarto ni la del baño. En el desganado desayuno, ya casi antes de salir, escucho en las noticias que "está nevando en el centro de la Península especialmente en localidades de la Comunidad de Madrid como Torrejón de Ardoz", lo que de primeras me hace gracia, por el hecho de que hablen de Torrejón, sitio no famoso por sus grandes nevadas (nevaditos ya es otro cantar).

Así que voy a la ventana con esa sensación de intríngulis de a ver si está todo blanco, y efectivamente:




La verdad que en ningún momento antes de salir de trabajar pensé en lo peligroso que puede ser conducir con nieve o hielo o agua-nieve, todas esas combinaciones gélidas del agua. Lo que sí me daba es que iba a tardar bastante más de lo normal.




Ya en la rotonda del Pinky Burguer empezaban los atascos, más lentos de lo habitual, y ya se empezaban a ver coches deslizando.






Justo sobre las 8.15 AM empezó a nevar a saco, así que había que darle duro a los limpias. La M-100 es la carretera que une Alcalá con Daganzo, Cobeña o Algete, con los innumerables "políganos" en el camino. De un sólo carril, del año catapún y de obras, es decir, se lía parda a poquito que. Así que cuando ya veo a lo lejos un tráiler cruzado supe que la cosa iba a ir para largo.




La cosa se empezaba a complicar porque ya estaba todo absolutamente nevado y se hacía capita, incluso pasando los coches. La gente ya empezábamos a andar despacito, y daba auténtico pánico quedarse parado cuesta arriba porque sabías que ahí salir en primera podía siginificar que el coche se fuera donde el destino y la física pactaran. A todo esto hay que decir que el Fivito se portó como lo que es: un rudo.


.


Ya iba a llamar al trabajo para decir que iba a llegar tarde, qué cómo estaba la cosa por Daganzo, cuando me llaman y me dicen que la Guardia Siví acaba de cortar la M-118 en los dos sentidos, la única carretera que lleva a nuestro polígono, que allí estaban aislados. Pues nada, a volverse a casa, a sabiendas de que me iba a llevar un buen rato.


Parte en Alcalá de Henares: nevó abundantemente en Alcalá desde las 8 hasta más o menos las 12 del mediodía. Los autobuses urbanos y de la Conti derrapaban en los subterráneos o puentes que salvan las vías de tren, así que la policía optó por cortar al tráfico todos estos puentes, lo que hizo que moverse por Alcalá en coche fuera un calvario. Nevó a ratos un poco a lo largo de la tarde. Y toda esta nieve ha cuajado, y lleva igual hasta hoy sábado por la mañana. Donde más problemas fue en las salidas para ir hacia Daganzo o al otro lado de Alcalá, la subida al Gurugú para ir a Villalbilla, Torres o Santorcaz, donde me imagino que se tuvo que formar minina. Sé de gente que tuvo que dejar el coche en la N-II y demás carreterillas porque se le gastó la batería o se quedó sin gasolina. En el parque de detrás de mi casa hay unna pendiente que baja hasta la estación, ahí se está juntando la gente para tirarse con plásticos y hasta tablas de estas de playa de body-board.





Vista de parte de Alcalá de Henares, esta mañana sabatina:




A la hora de comer fui a hacer fotos a lus lugares clásicos de Alcalá, estilo Diario de Alcalá, voy a subirlas al Flickr, que tarda menos y mantiene el peso de los archivos (esta última frase os ha gustado, amigos). MyFlickr: http://www.flickr.com/photos/33357843@N07/

viernes, 12 de diciembre de 2008

Jott & Yerf Crossing the Baltic Sea Vol. 1 The Series







El amigo Jotto aún sabiendo que tengo una YBR 125 y una Daelim S-Five 50 (en venta a precio de risa, por cierto) me quería vender la moto de que en Finlandia no hacía frío, no mucho más que un día de invierno en Finlandia, que me llevara bañador y chanclas que íbamos a tomarla en las terracitas de Helsinki.




Primera imagen en suelo finlandés


Al aterrizar y tras los primeros contactos con los lugareños me di cuenta que efectivamente allí todo el mundo habla inglés, pero no que hable inglés, sino que lo tienen ahí bien metido en la cabeza, como si el idioma sajón fuera el suyo. Y con esto del inglés me hago una pregunta que no tiene nada que ver: ¿llegarías 40 minutos tarde a buscar a un amigo que te ha venido a ver y se ha recorrido 3000 kilómetros? Jotto sí. Tras el pospuesto pero emotivo y deseado encuentro en la estación de tren de Helsinki anduvimos un poco por el insulso Helsinki.



Esta foto es en el Rax, para mí un equivalente al Alex en Alemania, es decir un lugar al que recurrir para comer en los viajes. Un buffet de comida sana y equilibrada en el que comes sin límite por 8 leuros, cantidad increíble para los precios finlandeses. Señalamos a nuestros más duros competidores por el título a gochos del día; si Helsinki tiene poco que ver, hace frío y hay que hacer tiempo para cruzar el Báltico hacia la sucia Tallin por qué no echar horas comiendo en el Rax.


La falta de organización y la confianza ciega en la improvisación hizo que perdiéramos nuestro ferry de las 18 horas y hubiera que esperar al siguiente. Bueno, no todo iba a ser malo, esto sirvió para onocer todos los muelles del puerto de Helsinki, conocer un taxista amiguete que no era capaz de emular a Ari Vattanen y una de las primeras anécdotas, una de esas personas atraídas por el imán de personajes que llevamos en el bolsillo: una señora que vino mirando fijamente a la gente que estaba sentada esperando al ferry, pero fijamente quieta a un metro de distancia. Yo estaba tumbado y decídí levantarme para cederle hueco, un poco por deferencia y un poco por miedo. Una vez sentada, la señor mantuvo una airada conversación con su periódico. Yo, mientras de parrafada al móvil con Adriana, hasta que la señora decidió que no le gustaba mi conversación por móvil y empezó a echarme todo tipo de maldiciones. Ante ésto sólo podíamos ir a por cervezas para el viaje.




Las marcas favoritas de la zona


Una vez atracó a deshoras el barco en la sucia Tallin nos dirigimos a coger albergue confiando una vez más en la improvisación. Esta vez hubo suerte. Dió tiempo a dar una pequeña vuelta y ver qué se cocía en la parte vieja de la ciudad.




Jotto saca unas coronas estonias, operación que tuvimos que hacer a menudo ya que la república ex-soviética tiene de barata lo mismo que el metro cuadrado en la calle Preciados. Cómo nos dolía la sangría monetaria...


Al día siguiente nos levantamos con el ánimo de dar una buena vuelta por la ciudad, en plan con tiempo, a las 12 y media, y porque nos despertó la recpecionista para que nos piráramos, esta vez con calma y paciencia, no como le pasó al Jottuel en su anterior visita a Estonia. La primera tontería la cometimos desayunando en un sitio que resultó ser pijo en un centro comercial de Estonia, ¿en que estaríamos pensando?, así que venga, de nuevo roto el presupuesto.




Desayuno capitalista en país ex-comunista




Casitas típicas del centro de Tallin, en la parte interna a la muralla, en la zona del albergue.




Lo que podría ser la plaza mayor de Tallin, donde habían puesto el manido mercado medieval que tanto se estila por Alcalá. Había un escenario en el que algo más tarde tocó un grupo que podría ser El Canto del Loco estonio, Jotto desplegó un breve baile en primera fila llevándose con ello la distracción moméntanea del cantante, quien no podría esperar algo así dado la frialdad reinante en el concierto, la gente dejaba un espacio entre el espacio y primera fila y bailar aunque fuera con la cabeza estaba terminantemente perdido.





Había que comprar el recuerdo típico, y la que se llevó el gato al agua o la pasta al bolsillo, fue esta señora, ¿por qué? por majeta, siendo como era, era imposible no comprarla a ella, además estoy seguro que habría sido igual de simpática si no la hubiéramos comprado nada. Me encanta esta foto, el colorido puesto y el detalle de Jotto en el espejo.




Una foto en una de las antiguas iglesias que hay por el centro de la ciudadela.




Alejándote del casco antiguo empezaban a verse barrios de aspecto más comunista, lo único que recuerda el pasado bajo el influjo de Moscú.


Después de todo el día de paseos arriba y abajo por las calles de la sucia Tallin había que conocer la noche del lugar. Pero no íbamos a hacerlo sólos, iba a formarse todo un equipo, un team por lo internacional del grupo. En el albergue conocimos a un italiano majete, Cristian, era un poco fantasma, pero se agradecía ya que la gente del báltico que habíamos visto por el viaje no era muy comunicativa. Resultaba que visitaba sólo la ciudad así que estaba predispuesto a venirse por nosotros. Luego cenando conocimos a un autraliano, el australiano era un rancio como veremos más tarde. Un rancio como todos los australianos, eso del surf y las mechas son mitos. Así que la noche empezo así, y empezó mal, porque, llegamos a un bar de corte mafioso, con pelea incluida, y donde podía haber gente durmiendo en la barra, no es coña, se respiraba tensión. Para animar al grupo me dio por invitar a una ronda de 3 jarras de cerveza para los 4, para todos. El concepto "para todos" el autraliano no lo entendía, se agenció una de las jarras para el solito. Además le daba por estar sentado y no hacer nada, en qué hora le convenceríamos para salir pensábamos Jotto y yo. Le estábamos empezando a odiar. Así que el equipo causó una baja y empezó a ser de 3 personas. Cambiamos a un bar que ya era mejor, y estaba bien, precios razonables y los éxitos musicales mundiales, y ambiente relajado. Allí, el italiano se dedicó a lo que Jotto y yo denominamos "deambuleo" y ya fuimos por nuestra cuenta. Al final la noche se desarrolló sin ataques mafiosos y todo fue bien, hasta conocimos un bar que estaba de putísima madre, era como un palacete con habitaciones grandes y muy buena música, sonando hasta reggae y drum n' bass, eso sí, si había un incendio en ese sitio palmábamos todos.

Al día siguiente prontito a coger el ferry de vuelta, y cómo no, lo perdimos. Venga, más horas muertas hasta el siguiente. Y aquí toca hablar del ferry. Entre todas las capitales del Báltico hay líneas de ferry, son muy populares, y es muy habitual que por ejemplo, los finlandeses pasen el finde en Tallin y de paso se traigan alcohol en abundancia, ya que es más barato. El perfil del viajero finlandés es el siguiente: pareja de 40-50 años, ropa gris/negra, carrito de compra lleno de cajas de cerveza o vodka. El barco es una horterada a gran escala: tiendas, restaurantes, pequeño casino, escenario musical, etc. En ese momento Jotto y yo odiábamos a Finlandia y sus habitantes y ya sabíamos que cargaríamos contra ellos en el blog.





Este hombre, animado por el alcohol o porque sí, se marcó delante del mundo un baile de unos 10-15 minutos sin exagerar. Sólo le "jaleaban" -unas palmas- un grupo de 3 señoras, el resto del respetable miraba impasible, no ponían malas caras ni les hacía gracia, sólo miraban. Él a lo suyo. No era un actor de la tripulación, palabra.


Bueno, después de ferry y tren, por fin llegamos a Tampere. La verdad que es más interesante que Helsinki. Allí que estuve en la residencia de nuestro amigo Joseja, en la resi hay muy buena gente y grandes personajes. En la noche pude ganarme el cariño de Grandetocho al darle unos consejos, me tomé esa libertad. En la resi lo impregna todo un gran ambiente de estudio y la fiesta se evita en la medida de lo posible. Pero lo mejor de esa residencia, es que pase alguien al lado y le oigas una puta frase que sólo podría decir Jotto, aunque ese alguien no hable español. Después de la paliza del viaje de vuelta, nos pegamos una buena sauna para recuperar un poco, pero oye, que no, que las saunas te dejan baldado, pero no, había que estar a tope y se salió. Y más a tope que nunca.




Hago acto de presencia en la exclusiva habita (con baño incluido) del Sr. Jotto en la residencia, representando Alcalá.

Después de la farra nos levantamos a la mil, y como anochece a las 3 de la tarde, pues nada, que no he visto Tampere de día. Hicimos una visita a Lapincari, otra residencia donde abundan colegas de Jottuel, allí hubo grandes anécdotas pero la mejor fue de camino a la resi. Un finlandés de mentalidad finlandesa estuvo a punto de atropellarnos, y no a puntito, sino a centímetros: íbamos andando por el medio de la carretera, y el pensó que como hacíamos mal pues que no estaba mal que ni frenara ni cambiara su trayectoria, pero un ágil salto hacia atrás evitó la tragedia, ni pitó, ni nos insultó, ni se inmutó, otro Iceman más. El domingo se me hizo corto, así que sin darme cuenta ya me estaba yendo, y como no podía ser de otra forma, con nieve.




Para más información: http://emitiendodesdetampere.blogspot.com

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Delicatessen berlinesa II

Otro día más en Berlín, y otro día en que las sábanas no entienden de salir a ver calles, lugares y gentes nuevas, las sábanas sólo quieren gente encima que les caliente, así que estábamos otro día más cerca de la tarde que de la madrugada en las calles de Berlín. Otro día más de cielo gris y bajo que hace que tengas que salir armado de besos, gorros y manos sin guantes en bolsillos ajenos. Otro día más en el que el tranvía ya se hace más familiar en su recto discurrir hacia Alexanderplatz por las grandes avenidas de corte comunista.




Nuestros destinos eran muchos para pocas horas pero por alguno había que empezar así que hicimos cola para entrar al Reichstag, ese centro de la política dedicado "al pueblo alemán".




Hasta en los países más ricos y civilizados sucede que allá donde hay algo gratis allá que va la gente en masa, pero la espera merece la pena por la serie de antiguas fotografías que cuentan la convulsa historia de este edificio inaugurado a finales del siglo XIX, por las vistas de la ciudad y por las dos espirales que suben y bajan sin cruzarse por la cara interna de la cúpula llena de espejos.



Aquí una de las fotos de la serie, en ella podemos ver un buen número de diputados nazis con sus ridículos uniformes y bigotes en sus sillones de diputados en el Reichstag, donde ya eran numerosos años de hacerse con el poder. Da que pensar...


Puede decirse que Berlín ha arriesgado al límite con la arquitectura, han puesto cosas descaradamente vanguardistas justo al lado de cosas antiguas pero creo que les ha salido bien la jugada. Un ejemplo es la cúpula de acero y espejos sobre el Reichstag.




Al salir seguimos paseando por Unter den Linden (ya no lo escribiré mal, tengo aquí delante una placa con el nombre de la avenida), por esta avenida siempre es agradable pasar tranquilamente una y otra vez. Por allí aguardan dos sencillos monumentos que no aparecerán como indispensables en las guías pero merecen un rato delante de ellos:


Madre con hijo soldado muerto. Me encanta la pequeña figura en un gran espacio vacío.




Aquí un niño le preguntaba a su madre qué eran esas librerías sin libros en el suelo, la madre le dijo que nada, sabiendo que era un homenaje a todos los libros que los nazis quemaron en esa plaza frente a la Biblioteca de la Universidad de Berlín.


Como el frío en Berlín se hacía insoportable decidimos viajar a Asia Menor, y por qué conformarse con ir ahora cuando podíamos regresar al pasado. Cruzamos la puerta del Pergamonmuseum y miré hacia otro lado cuando una lejana voz me pedía mi opinión sobre el expolio de Occidente a las viejas civilizaciones, y al mirar evasivamente hacia otro lado descubrí la majestuosidad del altar de Zeus, una grandiosidad inolvidable que arqueólogos alemanes habían llevado piedra a piedra hasta allí.



Las escaleras que suben hasta el Olimpo, para bajar y cruzar la puerta del mercado del Mileto que lleva hasta las puertas de Istar de la Babilonia de Nabuconodosor.


Al volver al siglo XXI alemán nos dimos cuenta de que, aparte de que era más frío, se había hecho el día, y es que todo el mundo sabe que las horas pasan mucho más rápido en el pasado que en el presente. Nos quedaban muchos lugares por tachar y uno de ellos era el histórico Checkpoint Charlie -uno de los cuatro puntos de acceso entre los dos Berlines divididos junto con el Alfa, el Bravo y el Delta-, y hacia allí que nos fuimos. El lugar está lleno de menciones y fotografías en memoria de los que intentaron o murieron en el intento de huir de la República Democrática Alemana comunista hacia el Berlín bajo control estadounidense, francés e inglés, el Berlín perteneciente a la República Federal Alemana, y es justo en ese momento cuando me pregunto sin sorna si hubo gente que quizá intento huir del Berlín capitalista hacia la República Democrática Alemana, si hubo gente que se las vió y se las deseó para cruzar el checkpoint Charlie desde el Berlín Oeste al Este, si hubo gente en el Berlín occidental que buscaba una vida mejor al otro lado del muro...






Al día siguiente, otro día más, llegó la agonía de la despedida. Tenía que decidir entre ir a visitar la mítica tienda de bicicletas Keirin, ver las piezas de admirados graffiteros en el East Side Gallery o ver a Nefertiti en el museo Egipcio. Al final el ángel de Nefertiti venció a los otros diablillos, que eran poco ante el magnetismo de la egipcia, si bien esos diablillos siguen pidiéndome que vuelva y tendré que hacerles caso.





Tras la hipnotizacíón del misterio egipcio pues había que irse por donde se vino. Y por volver al principio nos despedimos en la estación centra de Berlin, la Hauptbahnof; Adriana cogía allí su tren y yo mi bus al aeropuerto. Un gran cronista amigo mío dijo que se dice que no hay nada más triste que una estación de tren, y también dijo que se dice que todos llevamos una estación de tren dentro de nosotros, y no me quedaba más que darle la razón mientras Adriana sí se daba la vuelta para decirme adiós con la cara y con la mano, y allí la veía, pequeñita, yéndose hacia esa estación tan grande...qué pena tan grande, pensaba, flamenco, mientras sentía que ojalá volviera a sentir la tristeza de la despedida.


miércoles, 12 de noviembre de 2008

Delicatessen berlinesa I

Después de la estancia en la ciudad de Brema, dejando atrás la cálida frialdad bremense (*) que allí encontré, Adriana y yo nos dirigimos a Berlín en, como no podía ser de otra forma, tren. Por cierto, que ya dije en la anterior entrada que el tren en Alemania está muy bien, pero que barato no es. Hicimos un cambio de tren en Hannover, y no lo perdimos pues yo qué sé por qué.


Aquí vemos un andén de la estación central de Berlín, la inauguraron justo para el mundial de 2006, la verdad que es bastante impresionante; el acero, y el cristal junto con el buen gusto pueden dar buenos resultados.


Una curiosidad: en Alemania se ve a menudo a gente bebiendo tercios de cerveza en el transporte público, no sé si estará prohibido el botellón (si no ya se encarga el tiempo de prohibirlo) pero beber cerveza parece que no, porque la gente -de todo tipo-lo hace bastante y abiertamente. Así que yo no fui menos y fui a por un par de Becks al vagón-cafetería (cómo me gusta lo de vagón-cafetería y el vagón-correo). Una pequeña anécdota que a Adri le gustará recordar: nos tocó sentarnos separados, y yo fui a pedirle al que estaba con Adri que me cambiara el sitio un poco bruscamente, bruscamente no en el sentido de malas formas sino en la máxima brevedad posible; sin darle tiempo a sentarse, y sin preámbulo ni explicación alguna le pedí que me cambiara el sitio. El tío aceptó murmurando no sé qué, y yo, agradecido, le di un pequeño apretón de hombro en plan "gracias, ,tío". Tampoco le gustó. Adri me cogió manía durante 10 minutos, pero se le pasó. Entre pasajeros, cervezas y bollería pues llegamos a Berlin Hauptbahnof, la estación central de Berlín.


Sabíamos que allí había como una oficina de turismo para sacarnos la tarjeta de transporte público para 4 días y la tarjeta de museos, ahora no me acuerdo de los precios pero la de transportes la amortizas pero de sobra porque el transporte es carísimo. En plan, un sencillo para una zona mínima 2,5 € y cosas así. El de los museos, creo que lo amorticé por un leurito con cero sesentaycinco, pero satisfecho quedé viendo los brutalísimos Museos de Pérgamo y Egipcio.Nos costó lo nuestro encontrarla así como la forma de salir de la estación con nuestros maletones hacia el Generator Hostel.


Aquí podemos ver cómo en el Generator rotulan el número de habitación bien grande para que no te cueste leerla si te has pasado con la Bekcs o la Berliner. Es la habitación del Shotta.

El Generator Hostel está bien, es un gran edificio de estilo comunista, con una salvajada de habitaciones, está bastante nuevo, y el precio para lo que uno busca y él ofrece pues no es abusivo. Tiene bastante oferta "festiva" (habría que verla también) pero ya que teníamos casi 3 días para ver Berlín pues a estar lo que había que estar. Está lleno de todo tipo de gente, abundando el joven "modenno". La verdad que una larga estancia allí tiene que dar para muchas cosas. En el poco tiempo que estuvimos por las zonas comunes, vimos sus borrachos, sus perdidos, su tío en bolas y toalla buscando el baño, su espléndida que desayuna en pijama, etc. Sus cositas, Sulamita.


Aquí alzo el puño como un comunista más en el monumento al Soldado soviético. No entiendo el criterio que se sigue para quitar unos viejos monumentos y otros no, yo los dejaba todos. Para hablar claro: el soldado alemán, que era nazi, pero alemán al fin y al cabo, hizo mucho daño por Europa, pero el soldado soviético hizo mucho daño hasta que llegó a Berlín desde Moscú, y siguió haciendo daño, porque además ya no hizo el camino de vuelta. Parafraseando al gran Ganda: "En un mundo en el que aún quedan fascistas y comunistas, bobos siguen preocupándose por listas"


En el largo camino (el resto de días, ya sin maletas, no se hizo tan largo) hasta el Generator pudimos ver lo típico del viernes noche de una metrópoli: los chavales borrachos en el intercambiador, la gente vestida para salir, etc.



Foto en el reloj del Alexanderplatz, al fondo puede verse el pirulí de Berlín, mola que está justo en el centro, imaginaos que el Pirulí de Madrid estuviera en Sol.


Al día siguiente nos propusimos levantarnos a las 8 para ser unos turistas de pro, pero al final, entre pitos y flautas, estábamos en la calle a las 12, y así todos los días. Eh, pero que no pasa nada, al final se ven las cosas, y además, antes de las 12 en Berlín hace mucho frío.Al lado del Generator pasaban 2 tranvías que nos llevaban al centro, a Alexanderplatz, así que ése era siempre nuestro punto de partida.


Adriana viendo por dónde podía ir bien seguir. Como veis, el mapa está al revés, como el libro de Bush el día del 11-S. Es coña, un cyberbesito. ojete flava.

Alexanderplatz es una gran plaza, un gran espacio vacío al más puro urbanismo comunista. Sale en varias películas de ahora ambientadas en Berlín. Adriana llevaba la voz cantante en la organización de los recorridos ya que ella habla alemán y ya había estado en Berlín, ella decidió el recorrido, pero yo quise poner mi granito de arena: una bici tándem.



Instantánea justo antes de que por posar para la foto estampara la bici contra el gentío que cruzaba el paso de cebra en Unter den Linden. Estaba flipado con la tándem, quería fotos.



Me encanta esta foto: se ve a Adriana con la pernera izquierda remangada como una biciclista pro, la gente en bici, al fondo la puerta de Brandenburgo.


La bici tándem era el caldo de cultivo perfecto para la bronquita, pero no, fue todo rodado, doblemente rodado. Fueron 4 horas de pedaleo en las que a alta velocidad de crucero nos dió tiempo a echar una primera visual general de Berlín: la torre de TV, el majestuoso paseo de Under den Linden, puerta de Brandenburgo, el parque
Tiergarten, la zona de las embajadas, Postdammerplatz, etc.


Monumento a la victoria, en el Tiergarten. Se nos pasó subir y nos perdimos dos cosas: unas buenas vistas, y un mensaje que Kike había dejado para la posteridad hace poco para los amigos.



El Berlín más americano en el sector americano, Postadammerplatz.



Cerca de la foto anterior han dejado unos cuantos trozos del muro, la gente escribe y tal, mucho español dejando chorradas como que éramos campeones de la eurocopa. El concejal de turismo de turno ha tenido una brillante idea y ha puesto a un soldado ficticio que te pone un visado en el pasaporte o algo así. Previo pago.

¿Dónde comimos? Justo el sábado ahora no me acuerdo exactamente, pero apostaría que fue en un Alex.


Foto desde el Alex en el Sony Center, un sitio que se han currado los japoneses, con sus pantallones, su escenario, su Museo del cine y de la televisión.


(*) Como pueden apreciar mi traductora favorita y mi apreciado filólogo he aprovechado sus enseñanzas de gente letrada. Voy a seguir preguntando, ¿qué opináis de la palabra "entrada" para ésto? ¿El equivalente en castellano de "post"?